domingo, 28 de junio de 2009

Hambre de cuentos

Si hace unos días recordaba con una cierta nostalgia a las personas y a las historias con que nos encontrábamos a final de Junio, alrededor del Festival de Cuentos “En Úbeda se cuenta...”, ayer se produjo uno de esos pequeños acontecimientos que trocan lo amargo en dulce y despiertan alegría y entusiasmo.
Un grupo de personas asiduas al evento, pensando que citas como éstas no deben perderse y temiendo que, si no se hacía nada al respecto, pasaran los días y se borraran los recuerdos, se reunió en torno al lema “en Úbeda NO se cuenta...” para dejar bien clara su opinión al respecto.
Concentrados en la Plaza de Andalucía, vistiendo de luto por lo perdido, con velas en la mano y esparadrapo en la boca, bajaron por el Real para acabar frente al Ayuntamiento, donde se leyó un comunicado demandando a los representantes de la ciudad una postura clara con respecto al Festival y al abandono de su financiación.
A continuación, tres personas de edades bien distintas, haciendo visible la diversidad y la riqueza de público que movilizaban las narraciones, leyeron el “Cuento para un Festival que no cuenta” , en el que hicieron un repaso por los rincones y personajes emblemáticos que aparecían puntualmente en esta cita.
Y luego, un cuento más de una de la niñas que ha participado en las últimas ediciones de la Contada Voluntaria.
Y después, aplausos, palabras, recuerdos, ideas, diálogos y preguntas y, sobre todo, voluntad y mucha hambre de escuchar y ganas de hacer posible lo que no pudo ser este año.

martes, 23 de junio de 2009

Un encuentro que no se produce

Hoy es 23 de Junio: eso quiere decir que, alrededor de la noche de San Juan, si todo hubiera sido como estos años atrás, estaríamos disfrutando del Festival de Cuentos “en Úbeda se cuenta...”, de la Tía Tragantía y de los encuentros felices con narradores y públicos cercanos o lejanos.
Este año, sin embargo, no va a ser así. Tras diez años consecutivos, viene una pausa. ¿Las razones? Lo mejor será que transcriba más abajo el comunicado que Malión (la asociación que lo venía organizando,y de la cual soy miembro), preparó hace unas semanas.
Como la fecha es importante para mí, por muchas y variadas razones, y Malión no dispone de página web, he decidido subirlo a mi blog, porque no quería que quedara en el olvido.
Como complemento, y para que recordemos los buenos momentos pasados en torno a los cuentos, adjunto también el vídeo-resumen de diez años de actividad que se preparó el año pasado. No lo pone en los créditos pero estará bien saber que la música que lo acompaña es de Angelique Kidjó.
Disfrutemos, al menos, de los recuerdos.

Por entre las esquinas ya circula el rumor: Las Palabras, que llevaban diez años moviéndose entre nosotros con un desparpajo cada vez mayor, que buscaban ansiosas oídos cómplices para construir historias en las noches de Junio, y se aliaban con miradas y ademanes para sostener tramas, y sorpresas, no vuelven a recorrer las calles de nuestra ciudad este año.
Quien lo escucha, recibe la noticia con cara de asombro: ¿cómo es posible, si en esta historia de amor entre el que habla y el que escucha, entre los cuentos pequeños y los espacios amplios, entre las historias grandes y los rincones recoletos, todo parecía ir bien?
¿Acaso no gozaron del favor, el respeto, el empuje siempre en aumento de los cientos de personas que se sumaron a esta propuesta, haciéndola suya con una manera única de escuchar, de mirar, de participar en esta empresa fecunda que despierta conocimiento y fantasía?
¿No eran abrigadas también por el apoyo desinteresado de un buen montón de empresas pequeñas y medianas que, cada quien con lo que pudo, aportaron su granito de arena para que los pequeños detalles de los que se componía este Festival estuvieran a punto?
¿No se multiplicaban los brazos y las manos entusiastas de quienes han cargado, empujado, gestionado, visitado, armado y desarmado, guiado y perseguido, repartido y vigilado cuanto hizo falta para convocarlas y hacerlas así inolvidables?
Sólo hay una respuesta posible a estas preguntas: Sí. Así fue. Pero aún a pesar de eso, como en otros tantos cuentos, aparecieron los Zapatos de Hierro. Y a nuestro Festival -y digo nuestro, de todos-, faltó el riego y se negó el sol.
Los Organismos Oficiales (Ayuntamiento de Úbeda, Diputación de Jaén), comenzaron hace tiempo -no, no se trata de una respuesta reciente a tenor de la tan manida crisis-, a recortar el presupuesto necesario o a demorar indefinidamente su materialización, impidiendo que una semilla tan fértil y bien recibida pudiese desarrollarse como pedía.
Aún así, empujados por el ansia y el hambre de escuchar, que ya se había instalado en nuestros corazones, el Festival de Cuentos salía adelante. Con más manos que regalaban su tiempo y su esfuerzo. Y con la voluntad firme, también, de los Narradores y Narradoras, que, pensando que un evento así no podía dejar de existir, renunciaban a lo que en justicia les correspondía, poniendo de su parte algo más que palabras.
Y se aguanta, un año de sequía, y se aguantan dos. Pero al tercero el embalse vacío no refleja ya nuestra mirada y no hay dónde echar mano para paliar la sed. Y con la boca seca se humedecen los ojos, abiertos ante lo que no se entiende, cargados de impotencia.
Y el rumor sordo que recorría las esquinas por las que antes paseaban orgullosas las Palabras a viva voz, crece y se afianza y toma cuerpo: No. No habrá Festival de Cuentos. No podremos decir este año que "En Úbeda se cuenta..."
Sólo nos queda desear que, semejante a la Bella Durmiente, este Encuentro nuestro no esté muerto, y sólo ande dormido.
Pero crecen los rosales cargados de espinas a nuestro alrededor y, tristes, comprobamos que no podemos ver más allá.
Malión, primavera de 2009

miércoles, 29 de abril de 2009

El Cuaderno de Ana


El Día, la Semana, el -en realidad-, Mes del Libro, está compuesto de idas y venidas, de viajes incesantes, historias generosas y cuentos innumerables.
En medio de una vorágine de comunicación intensa, uno se encuentra fugazmente con Bibliotecarias, Maestros, Gestores Culturales, Chicos y Chicas, Personas Mayores de Variada Condición y, en definitiva, con un montón de Gente que tiene una cosa en común: su amor por la palabra y por las historias.
Es, por tanto, un tiempo más que propicio para los encuentros felices con gente amable con la que, si el tiempo lo permite, compartir un café, comentar novedades o discutir ideas.
Y aunque, con el tiempo, iré desgranando alguno más de esos encuentros afortunados, hoy quiero detenerme en uno muy particular y especialmente entrañable para mí, por inesperado: el que se produjo con Ana Espigares Garnica en la Biblioteca de Andalucía de Granada.
Por que Ana, que vino al final de nuestro tiempo de historias y complicidades en compañía de otras alumnas de 5º Curso del Colegio Sierra Nevada, no sólo sabe compartir palabras: también comparte imágenes.
Para alguien como yo, que tanto valora lo uno como lo otro, fue toda una sorpresa ver la libreta que Ana me tendía para que le firmara en ella y que podéis encontrar más arriba, con un resumen de la sesión.
Y es que podemos comprender el mundo que nos rodea, pensarlo y entenderlo, a base de palabras. Pero también podemos hacerlo a base de imágenes, espacios, o sensaciones que no siempre encuentran el término preciso, y que pueden evocarse gracias a ese otro lenguaje que nos da el dibujo, el apunte gráfico, la memoria visual.
Cualquier aficionado sabe que, frente a un mundo en el que definir el gol con una sola pierna, los buenos delanteros usan ambas.
Así que Ana es una delantera de campeonato, que me puso de nuevo ante los ojos la fortuna que es poder combinar dos lenguajes de manera precisa, usando indistintamente y de manera complementaria texto y línea, palabra e imagen.
Gracias, desde aquí, por recordármelo y reafirmarlo (también gracias por el retrato) y, como dicen en una de mis novelas favoritas: ¡Feliz Encuentro, en verdad!

sábado, 25 de abril de 2009

El Limpiabotas ya está en la calle




Pues sí: ha tardado lo que tenía que tardar (los personajes de los cuentos salen cuando salen porque para eso tienen voluntad propia), pero ya está entre nosotros.
Editado por Mil y un Cuentos en Abril de 2009 y dentro de la colección Caracoles en su tinta, podremos seguir las peripecias -en palabras de la propia editorial- de este personaje tierno, emprendedor y altruista, dispuesto a todo por facilitarle la vida a quienes le rodean. Y todo ello a un ritmo vertiginoso.


Yo, la verdad, estoy contento con el resultado. Espero que le vaya bien por esos mundos y que disfrutéis con la historia y las imágenes de El Limpiabotas.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Títeres y Libros




Lo bueno de ir visitando bibliotecas por el mundo, es que siempre encuentra uno, mirando entre los anaqueles más alejados del rincón de novedades, algún tesoro.
El pasado martes 24 de Marzo estuve en la Biblioteca de Los Barrios (Cádiz), charlando con niños y niñas de 11 años sobre Libros Ilustrados.
Pero antes de que llegaran a la visita, y arropado por Mercedes y por Dori, guías excepcionales que están a punto de abandonar su viejo barco por uno mayor que las haga recorrer nuevos mares, dimos con uno de esos tesoros que se esconden bajo una apariencia gastada.
"Títeres con cachiporra", de Ángeles Gasset, es uno de esos pocos libros sobre cómo hacer títeres, que esconden perlas para aquella persona que quiera acercarse a la creación de sus propios espectáculos.
Dedicando poco tiempo a la construcción, proponen pequeñas obras para llevar a la escena. Pero lo mejor, lo más valioso que esconde este librito gastado, son sus ejemplos sobre cómo organizar de manera global la representación, ofreciendo ejemplos de realización de guiones condensados a la manera de mínimas escaletas.
El libro, publicado por Aguilar, es del año 1967, así que imagino que será difícil de encontrar. Pero siempre quedan algunos en nuestras bibliotecas más cercanas (consulta, eficiente, Dori, y me dice que hay 27 ejemplares repartidos por toda Andalucía).La apoteosis la pone Mercedes enseñándome una colección de libros ilustrados por José Ramón Sánchez. Pero de él hablaré, más extensamente, otro día, después de encontrarlo por sorpresa, como no dudo que sucederá, en otra biblioteca.

miércoles, 11 de marzo de 2009

De pequeño, tuvimos en casa un proyector de películas. No hablo de un cinexín, ni de un vídeo rudimentario, sino de un aparato grandote, con bobinas del tamaño de un balón aplastado, y película en tiras de celuloide que había que pegar con acetona, cuando se rompían.
Los rollos –mudos- de Abbot y Costello, del Gordo y el Flaco, y de algunos actores cuyos nombre nunca supimos, se enrollaban en un tableteo continuo que arropaba el movimiento algo trastabillado de sus peripecias alocadas en la pared. Y, algunas veces, el juego consistía en superponer bandas sonoras, efectos especiales o incluso diálogos inventados en aquello que sucedía en la penumbra cálida de nuestra salita.
Debió ser por eso que no pude resistirme: hace un par de meses, pasando por entre los abarrotados puestos del mercadillo que se pone en el Parque Norte, me tropecé con una caja con las esquinas algo raídas que contenía una decena de rollos parecidos a los que disfrutábamos entonces.
Cubiertos de polvo, cuando levanté uno de ellos para mirar al trasluz los fotogramas, esperando encontrar alguno de esos rostros ya pasados de moda, me sorprendió ver un esqueleto en una esquina. Como es lógico, no pude resistirme: me hice con la caja entera, que me salió, a decir verdad, más barata de lo que pensaba.
Hoy el proyector anda tan cascado que no sé si podremos ponerlo en funcionamiento. Pero mientras tanto, mi amigo Julián, al que le gustan todos los cachivaches informáticos que salen de las industrias con tanta velocidad como inventiva, me sugirió la posibilidad de convertir esos fotogramas analógicos –y un tanto desgastados, la verdad- en ficheros en formato digital.
Nos hemos puesto a ello en ratos perdidos y, aunque me da la sensación de que vamos a tener que rellenar un poco algunas lagunas, porque el material parece inconexo y anda más liado de lo que aparentaba (al final no sé yo si fue tan barato), lo primero que hemos conseguido salvar tiene un aire que, francamente, nos ha gustado.
Es poco, por el momento, lo que podemos ofrecer. Pero es tanto el entusiasmo que nos ha despertado, que, en cuanto dispongamos de suficientes huecos en nuestras tareas cotidianas, iremos desgranando los diez rollos y subiéndolos a la red, para compartir este hallazgo que, aunque pequeño, nos parece simpático.
Espero, por supuesto, vuestros comentarios.
Ahí va el primero.

miércoles, 4 de marzo de 2009

Títeres a la vuelta de la esquina


Cuando comenzamos a diseñar espectáculos para títeres, había un buen montón de cosas que no sabíamos, pero una que sí que teníamos clara: queríamos llegar a cualquier lugar con las mejores condiciones posibles. Daba igual el aula pequeña de colegio rural, que un gimnasio modesto en un centro cívico o un rincón en la biblioteca, rodeados de estantes y anaqueles repletos de libros infantiles: lo importante era hacer posible el prodigio allí donde no se había dado antes.
Es por eso que nos llevamos, muy a menudo, sorpresas gratas al probar nuevos espacios en los que no habíamos entrado aún.
Así ha ocurrido en el Museo Arqueológico de Úbeda este pasado domingo 1 de Marzo donde, con motivo del día de Andalucía, nos invitaron a participar en esta celebración.
El patio, precioso y recoleto, hizo así que, por un día, los objetos quietos que se atesoran en las vitrinas tras el frío cristal, fueran protagonistas y cobraran vida. Como en una metáfora sobre lo que un lugar así propone, conseguimos dar entre todos los que allí nos juntamos, vida a lo inerte.
Concentrados, sonrientes, asustados, partícipes en fin, niñas, niños y adultos daban sobre cada retazo de tela, sobre cada mechón de lana y sobre cada perfil tallado, el empujón necesario para obrar el milagro.
Y aún hubo quien no se marchó hasta ver cómo se recogía y se cerraba la última cremallera de nuestro retablo, asistiendo al proceso con la misma expresión que acompaña al mago que hace desaparecer la paloma entre los pliegues de un pequeño pañuelo, que lanza luego al aire, vacío y lento.
Esos ojos abiertos a lo maravilloso que parecieron engullir cuanto allí hicimos, presiden los buenos recuerdos que nos llevamos del encuentro inusual en este nuevo espacio, que tanto disfrutamos.