Para celebrar este día, vinieron niños y niñas de varios centros de la provincia. Y, claro, con el tráfico y las obras que proliferan por Jaén, es natural que algunos grupos llegaran mucho antes que otros.
¿Qué hacer en estos casos? Preguntando al público, después de decirles que íbamos a estar un cuartito de hora más esperando antes de comenzar, varias personas me propusieron contar chistes para pasar mejor el rato .
Pero yo no sé chistes (se me olvidan enseguida). Afortunadamente, Vicente, un chico de 4º, quiso subir al escenario y contarme uno para que yo, a mi vez, se lo contara al respetable. Y eso hicimos.
El resto de la función, una vez que nos pusimos a ello, fue de dulce.
Pero cuando pase el tiempo y recuerde esta visita, de quién más me acordaré, sin duda, será de Vicente, enseñándome amable y solícito el chiste del Loro que ve la Televisión, y apuntándome las réplicas cuando las olvidaba con una paciencia infinita.
Para que luego digan que los niños de hoy no son apañaos.
Hace ya casi diez años que tropecé con Luis Foronda en un programa de la radio local. Yo apenas los conocía (ni a él ni al programa), pero gracias a la Asociación Malión comenzamos a colaborar.
“La librería”, que así se llamaba el programa, era un lugar en el que compartir cuentos, música, películas y poemas y con el que acompañar las tareas domésticas del sábado, mientras se ultimaba también la comida del fin de semana.
Inmediatamente pasé de colaborador esporádico, contando cuentos de vez en cuando, a oyente fijo. Y poco a poco fue creciendo el número de colaboraciones, a la par que una buena amistad, no sólo con Luis, sino con cuantos colaboradores pasaron por el programa a lo largo de todo este tiempo. Y también –era inevitable-, creamos una sección sobre artes plásticas, con la que complementar el disfrute estético en que nos sumergían el resto de las disciplinas del programa.
Este año, el programa ha echado a andar, en paralelo con su emisión radiofónica, un blog. Allí podremos rescatar el cuento que escuchamos sólo a medias o ampliar con imágenes lo que la radio no nos permitió ver. Podremos volver a saborear recetas, releer despacio los poemas que nos conmovieron o bailar las canciones que nos alegraron la vida.
Aunque el título de la entrada contradiga el del libro, lo cierto es que este Viaje al Oeste es, para nosotros, occidentales, una verdadera oportunidad de hacer el periplo inverso, para recorrer y conocer parte de ese Oriente que cada vez esta más cerca. Hoy más que nunca el mundo avanza deprisa. Y eso supone a veces que las tradiciones y las obras sobre las que se cimentan la memoria o la condición de un pueblo, pueden perderse en la noche de nuestro olvido, borradas por la necesidad acuciante de novedades, actualidad, modernidad o, simplemente, por alguna película que nos haga estar “a la última”. Pero, quizá precisamente por eso, este viaje merece más la pena. Ya lo comenta acertadamente Jesús Ferrero, en el prólogo, advirtiendo que esta obra sería para los chinos, haciendo la regla de tres, lo que para nosotros vendría a suponer el Quijote. Y convendremos en que siempre hay un momento para volver a revisar las andanzas de don Alonso y Sancho. Pues bien: este libro de aspecto impresionante (son más de 2000 páginas) nos dibujará con detalle un panorama por los paisajes, las creencias y los modos de ser y de pensar que sostuvieron –ahora, quién sabe- durante siglos el imaginario de China. Y, al mismo tiempo, nos divertirá con las andanzas de Sun Wu Kung, uno de los personajes más interesantes, descarados, audaces y efervescentes con que me he topado nunca en página alguna. Gracias desde aquí a Vicky Venyaprende, que lo rescató para mi desde los anaqueles de su librería, y me llevó así de viaje durante todo este verano. Por cierto: para ilustrar este comentario, he elegido una imagen que es de otra obra. Se trata de Dragones, Dioses y Espíritus de la Mitología China, publicado por Anaya en1984. Esa fue la primera vez que yo escuché –leí- algo sobre las andanzas del Rey Mono y hago así justicia a las obras que divulgan sin pretensiones y siembran con gusto la necesidad de conocer lo ajeno en nuestras vidas. Viaje al Oeste. Las aventuras del Rey Mono. Siruela, Madrid, 2004
Vemos a menudo libros con aspecto de gastados que no merecen nuestra atención, y resulta que atesoran perlas que brillan y arrojan luz. Así, en la Biblioteca de Villanueva de Córdoba, hace un par de meses tropecé con uno de esos rescatados que me resultan tan interesantes Porque a menudo –y será fácil comprobarlo en cualquier espacio escénico de los que proliferan en verano aprovechando el fresquito de la noche-, cuando se quiere ofrecer un espectáculo para niños, éste se llena de intenciones que, podríamos denominar “extraartísticas” (doctrinarias, aleccionadoras, “educativas”, pedagógicas...), e incluso se empobrecen lenguaje e intenciones en aras de una sencillez que acaba siendo simplicidad. Hasta hoy, cuando salía el tema, yo siempre recurría a un cuentecito de Eduardo Galeano titulado El Arte para Niños que es de una contundencia sólo comparable a su sencilla claridad, para hacer ver que ese arte es, o debe ser, otra cosa.
Pero este libro que ahora os recomiendo nos expone algunas claves aún más obvias. Y tiene, además, un valor añadido.
Porque reúne un montón de experiencias increíbles tomadas de un taller de teatro hecho por y para niños a finales de los sesenta y principios de los setenta del siglo pasado. Para compartirlo y comprender su valor, he pensado que nada mejor que una muestra sencilla pero arrebatadora. La obra que abre la colección, a la cual pertence la ilustración de cabecera y que os transcribo a continuación:
El Niño Solo. Anónimo, autor de 6 años.
Personajes: NIÑO GAVIOTA
Juegos. El niño se fue a la playa porque si que estaba solo y triste.
NIÑO.- Que bonita esta la mar. como brilla y brilla com el reflejo del sol. y los barcos que pasas de puerto a puerto nabegan aciendo pi pi.
Juegos. Una gaviota vuela y se acerca al niño.
GAVIOTA.- porque estas tantriste mirado el mar azul. NIÑO.- esque me gusta mucho ber pasar a los barcos. GAVIOTA.- Amitambien me gusta beslos pasar.
El niño se hace amigo de la gaviota y se queda con ella.
FIN
Pues eso. (El Ratón del Alba. Antología de teatro infantil. Carlos L. Aladro. Editora Nacional. Madrid, 1976.)
Nos ha costado, pero lo hemos conseguido. Revisando durante la Semana Santa pasada algunos de los rollos en los que aparece la que ya hemos bautizado definitivamente como La Muertecita, encontramos una sorpresa: en el lateral de una de las porciones de película, vimos lo que parecía ser una grabación sonora. Habíamos dado por supuesto que el material no tenía audio, así que nos sentimos realmente intrigados por lo que podría contener. Mientras poníamos en condiciones las imágenes, buscamos a alguien para que nos rescatara esa pista. Y hoy, por fin, (con algún pequeñísimo desajuste sin mayor importancia), hemos conseguido ver el resultado completo. Y nos hemos quedado sorprendidos. Porque se trata de una especie de vídeo-clip de a saber cuándo. Pero el tema nos suena muchísimo y nos recuerda bastante a uno muy actual, que hemos escuchado en la radio estos últimos días. Habrá que preguntarle a Zahara qué relación tiene con La Muertecita.
Si hace unos días recordaba con una cierta nostalgia a las personas y a las historias con que nos encontrábamos a final de Junio, alrededor del Festival de Cuentos “En Úbeda se cuenta...”, ayer se produjo uno de esos pequeños acontecimientos que trocan lo amargo en dulce y despiertan alegría y entusiasmo.
Un grupo de personas asiduas al evento, pensando que citas como éstas no deben perderse y temiendo que, si no se hacía nada al respecto, pasaran los días y se borraran los recuerdos, se reunió en torno al lema “en Úbeda NO se cuenta...” para dejar bien clara su opinión al respecto.
Concentrados en la Plaza de Andalucía, vistiendo de luto por lo perdido, con velas en la mano y esparadrapo en la boca, bajaron por el Real para acabar frente al Ayuntamiento, donde se leyó un comunicado demandando a los representantes de la ciudad una postura clara con respecto al Festival y al abandono de su financiación.
A continuación, tres personas de edades bien distintas, haciendo visible la diversidad y la riqueza de público que movilizaban las narraciones, leyeron el “Cuento para un Festival que no cuenta” , en el que hicieron un repaso por los rincones y personajes emblemáticos que aparecían puntualmente en esta cita.
Y luego, un cuento más de una de la niñas que ha participado en las últimas ediciones de la Contada Voluntaria.
Y después, aplausos, palabras, recuerdos, ideas, diálogos y preguntas y, sobre todo, voluntad y mucha hambre de escuchar y ganas de hacer posible lo que no pudo ser este año.
Hoy es 23 de Junio: eso quiere decir que, alrededor de la noche de San Juan, si todo hubiera sido como estos años atrás, estaríamos disfrutando del Festival de Cuentos“en Úbeda se cuenta...”, de la Tía Tragantía y de los encuentros felices con narradores y públicos cercanos o lejanos. Este año, sin embargo, no va a ser así. Tras diez años consecutivos, viene una pausa. ¿Las razones? Lo mejor será que transcriba más abajo el comunicado que Malión (la asociación que lo venía organizando,y de la cual soy miembro), preparó hace unas semanas. Como la fecha es importante para mí, por muchas y variadas razones, y Malión no dispone de página web, he decidido subirlo a mi blog, porque no quería que quedara en el olvido. Como complemento, y para que recordemos los buenos momentos pasados en torno a los cuentos, adjunto también el vídeo-resumen de diez años de actividad que se preparó el año pasado. No lo pone en los créditos pero estará bien saber que la música que lo acompaña es de Angelique Kidjó. Disfrutemos, al menos, de los recuerdos.
Por entre las esquinas ya circula el rumor: Las Palabras, que llevaban diez años moviéndose entre nosotros con un desparpajo cada vez mayor, que buscaban ansiosas oídos cómplices para construir historias en las noches de Junio, y se aliaban con miradas y ademanes para sostener tramas, y sorpresas, no vuelven a recorrer las calles de nuestra ciudad este año. Quien lo escucha, recibe la noticia con cara de asombro: ¿cómo es posible, si en esta historia de amor entre el que habla y el que escucha, entre los cuentos pequeños y los espacios amplios, entre las historias grandes y los rincones recoletos, todo parecía ir bien? ¿Acaso no gozaron del favor, el respeto, el empuje siempre en aumento de los cientos de personas que se sumaron a esta propuesta, haciéndola suya con una manera única de escuchar, de mirar, de participar en esta empresa fecunda que despierta conocimiento y fantasía? ¿No eran abrigadas también por el apoyo desinteresado de un buen montón de empresas pequeñas y medianas que, cada quien con lo que pudo, aportaron su granito de arena para que los pequeños detalles de los que se componía este Festival estuvieran a punto? ¿No se multiplicaban los brazos y las manos entusiastas de quienes han cargado, empujado, gestionado, visitado, armado y desarmado, guiado y perseguido, repartido y vigilado cuanto hizo falta para convocarlas y hacerlas así inolvidables? Sólo hay una respuesta posible a estas preguntas: Sí. Así fue. Pero aún a pesar de eso, como en otros tantos cuentos, aparecieron los Zapatos de Hierro. Y a nuestro Festival -y digo nuestro, de todos-, faltó el riego y se negó el sol. Los Organismos Oficiales (Ayuntamiento de Úbeda, Diputación de Jaén), comenzaron hace tiempo -no, no se trata de una respuesta reciente a tenor de la tan manida crisis-, a recortar el presupuesto necesario o a demorar indefinidamente su materialización, impidiendo que una semilla tan fértil y bien recibida pudiese desarrollarse como pedía. Aún así, empujados por el ansia y el hambre de escuchar, que ya se había instalado en nuestros corazones, el Festival de Cuentos salía adelante. Con más manos que regalaban su tiempo y su esfuerzo. Y con la voluntad firme, también, de los Narradores y Narradoras, que, pensando que un evento así no podía dejar de existir, renunciaban a lo que en justicia les correspondía, poniendo de su parte algo más que palabras. Y se aguanta, un año de sequía, y se aguantan dos. Pero al tercero el embalse vacío no refleja ya nuestra mirada y no hay dónde echar mano para paliar la sed. Y con la boca seca se humedecen los ojos, abiertos ante lo que no se entiende, cargados de impotencia. Y el rumor sordo que recorría las esquinas por las que antes paseaban orgullosas las Palabras a viva voz, crece y se afianza y toma cuerpo: No. No habrá Festival de Cuentos. No podremos decir este año que "En Úbeda se cuenta..." Sólo nos queda desear que, semejante a la Bella Durmiente, este Encuentro nuestro no esté muerto, y sólo ande dormido. Pero crecen los rosales cargados de espinas a nuestro alrededor y, tristes, comprobamos que no podemos ver más allá. Malión, primavera de 2009